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jueves, 31 de octubre de 2013

Capitulo 3

El sabio cogió una antorcha de una de las columnas de la entrada y comenzó a descender seguido por Erland y su grupo. El túnel se internaba sin fin en la tierra y la oscuridad cada vez era mayor a medida que descendían los gastados peldaños, tan solo la luz de la antorcha mantenía a raya la densa oscuridad de su alrededor. Descendieron durante lo que para el cansado grupo parecieron horas, Erland ,hastiado,entornó los ojos cansados y siguió bajando preguntándose si alguna vez llegarían al final. 
Al lo lejos en las profundidades parecía verse un resplandor, lo cual intrigó al grupo, que cada vez era más brillante. El anciano descendía calmado imperturbable ante las quejas impacientes de los humanos, una vez llegaron al origen de aquella luz dejó la antorcha a cargo de un guardia apostado a un lado de la entrada del túnel.
- Esta es la verdadera Ciudad Escondida, hogar de los Grenn. - habló el anciano mostrando la inmensa sala subterránea con su callado. - Aquí os quedareis hasta que recupereis las fuerzas y podáis volver a vuestra tierra,- les dijo, después de decir aquello comenzó a caminar enseñándoles aquel fantástico lugar-  aqui podreis comer, beber y hacer lo que queráis mientras respeteis las leyes del bosque. 
La Ciudad Escondida estaba a gran profundidad en el suelo del bosuqe y las raíces de los árboles más grandes y antiguos colgaban del techo de la inmensa cámara, tambien había numerosos edificios con diversas funciones, palacios, talleres, viviendas, etc... ; todo en aquel lugar desprendía una luz dorada, la iluminación de la magnífica sala provenía de unas bolas brillantes de colores entre verdes y amarillas suspendidas en la bóveda, las cuales conferían a la Ciudad un aspecto aun ,si cabe, más espectacular. 

Los privilegiados humanos fueron atendidos con toda clase de lujos,los alojaron en un fastuoso palacio construido de piedra verde y roja, con columnas que llegaban al techo abovedado y con un jardín en el centro con una fuente rodeada de sauces. Mientras los días transcurrían, cada uno de los componentes del grupo se dedicó a una actividad diferente y comenzaban a convivir con los Grenn. 
Erland, recorría la ciudad subterranea observando la elaborada arquitectura de los edificios, se dirigía a la forja para ver como avanzaba la creación de su armadura, escudo y espada nuevos. 
El acero de los Habitantes de las Colinas no era tan bueno como el humano o el élfico, pero igualmente era resistente y con la ancestral magia del bosque, los herreros Grenn eran capaces de mejorar sus cualidades. 
Por el camino iba pensando en por qué los habrían salvado, además el sabio que les acompañó hasta allí lo había reclamado en varias ocasiones en los últimos días. Inmerso en sus pensamientos, se chocó con una mujer Gren, quien lo miró enfadada mientras recgía las extrañas verduras que llevaba entre los brazos. Después de disculparse se percató de que los edificios no eran las construcciones de marmol, basalto y granito de la zona de los palacios y templetes. Estos eran de madera y ladrillo de arcilla y las ropas de los transehuntes eran de peor calidad, allí las calles eran estrechas y en los callejones había barro en el que jugaban con palos los jovenes Habitantes de las Colinas. Erland intentó volver sobre sus pasos sin conseguir orientarse, y poco a poco se le iba formando un nudo en el estómago. De vez en cuando le parecía ver una sombra siguiendolé por las callejuelas, lo cual lo intranquilizaba aun más. Intentó calmarse pensando en su hogar antes de la guerra, recordando las risas del castillo, los entrenamientos en el patio de armas con ser Ommen y las escapadas al bosque con la única compañía de su arco y su cuchillo de caza. 
Estaba doblando una esquina cuando se encontró de frente con un mozo de cuadra, su nombre era Gardar, un chico de pelo ralo claro y abundantes pecas por toda la cara. 
- Señor, te están buscando por toda la cuidad.- Por la mirada del joven Erland supo de que era importante.
- ¿ Para qué se me requiere?
- El sabio Grenn, quiere hablar contigo en su templo sagrado. Dice que es muy importante.

El joven señor se quedó pensativo unos instantes preguntándose la razón de aquella invitación tan urgente; ya lo descubriría, se dijo.
- Muy bien, llevame ante él. - Le repondió.
- Mi señor, si no es mucho preguntar, ¿ qué hacía por aquí?. Tenía entendido que iba a por sus armas a la forja principal.
-Quería... dar un paseo. Además no es asunto tuyo lo que hiciera por aquí.-No quería que un mozo de cuadra supiera que se había perdido y que no era capaz de encontrar el camino de vuelta.- Llevame a ver al sabio.
El diligente muchacho le guió entre las calles hasta llegar una puerta de piedra tallada que era la entrada al Consejo de Sabios; un edificio construido con piedra y árboles vivos, lo que en conjunto daban una imagen del poder de la magia del bosque. La puerta estaba guardada por dos grandes estatuas de madera de roble negro, las estatuas representaban, según le dijeron a Erland, a los primeros magos Grenn, quienes con sus poderes arcanos crearon la Ciudad Escondida. Aun impresionado por las estatuas de más de diez mil años, conservadas por encantamientos secretos, Erland cruzo la puerta y fue a encontrarse con el sabio en la cámara del Consejo. Se despidió de Gardar, quien se fue de vuelta al palacio donde se alojaban, y continuó solo mientras cruzaba el jardín de la entrada. En el había fuentes y las formas de los arboles de aquel lugar le fascinaron, era increíble como los Habitantes de las Colinas manipulaban la vida vegetal a su antojo. 
Una vez en la cámara vio que tan solo estaba el anciano, nadie más. Avanzó hasta él y se quedó de pie esperando que este le dijera algo.
-Ven chico, acercate, eh de enseñarte algo- le dijo mientras de ponía de pie ayudado con un su cayado.- Hay una cosa que debo decirte y que es el motivo de haberos salvado.
- Sí, voy.- Respondió sorprendido, aquello le tomó por sorpresa y se sentía inquieto.
Avanzaron por la sala hasta llegar a un pasillo con antorchas, el cual desembocaba en una fuente rodeada de robles.
- Los Grenn siempre ha sido un pueblo que vive aparte del resto del mundo y que casi nunca interfiere en los asuntos de más allá del bosque de las Colinas a no ser por una amenaza.- El acento del anciano era cerrado, aunque Erland le escuchaba con gran atención intrigado por la razón del discurso y lograba entenderle.- Mira ya hemos llegado. 
El anciano se sentó en el borde de la fuente e invitó a Erland a hacer lo mismo.
- Bueno, lo que vengo a decirte es que si en esta ocasión os hemos salvado de los bárbaros del Norte ha sido por ti.- Las palabras del sabio impactaron al joven señor, no sabía que decir y la mirada de aquellos ojos pequeños e inquisitivos le parecía como si pudiera llegarle al alma.- Tienes un función importante en toda esta guerra y en lo que vendrá después, ya que Midghar caerá al igual que todos los reinos de los hombres, solo los elfos y las criaturas del bosque y el mar estarán a salvo de la devastación que se avecina. Esta guerra es solo el principio, un preludio de lo que está por acontecer. El mundo está cambiando chico, una fuerza oscura acecha Aränwil, antiguos demonios resurgirán y nadie estará a salvo cuando ese día llegue. Tú y los que quieran acompañarte deberéis luchar contra ello, el mal está donde menos te lo esperas y las consecuencias de su victoria no son las que te imaginas, ya está cerca de cumplir su objetivo.
Puedes irte, piensa en lo que te he dicho, busca a los elfos, ellos tendrán la respuesta y el poder para vencer a lo que se avecina. Esta guerra no es solo mágica, también vendrán ejércitos oscuros de criaturas malignas a las que hay que derrotar para conservar la paz. Los antiguos magos del bosque ya lo vaticinaron, solo la unión de las Altas Razas de Aränwil podrá salvarnos de la Sombra.
Erland, mudo como estaba por la palabras del sabio hombrecillo, no pudo más que volver a su alojamiento tras haberlo despedido el Grenn. Aquellas palabras le pesaban en su interior como un saco cargado a la espalda; tenían una profundidad que no había asimilado un, pero sabía que algo muy importante y peligroso estaba apunto de pasar, algo muchísimo peor que aquella invasión de los montañeses. Cuando llegó se dirigió a su cuarto sin mediar palabra con nadie, tan solo quería dormir y descansar la mente, demasiadas cosas en tan poco tiempo, demasiado por encajar, primero la muerte de su padre en batalla, la de ser Ommen, la profecía, etc... . Nada más entrar en su cuarto se tiró de cualquier manera en la cama, sin importarle las ropas ni las botas que aun llevaba puestas, tan solo deseaba dormir. Poco a poco se sumió en un plácido sueño que lo iba envolviendo cálidamente como una manta, despacio se sumergía en un mar de oscuridad calma, ajeno al mundo real...

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