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lunes, 30 de septiembre de 2013

Capítulo 1

El bosque estaba en silencio esa mañana, el único sonido que había era el crujir de las ramitas bajo el peso de las botas del joven Erland. Mientras avanzaba entre los árboles recordaba los sucesos del día anterior en el castillo, de como el mensajero real llamaba a su padre y sus hombres a la batalla; esos pensamientos se disiparon al oír el sonido de las ramas moviendose en un arbusto, tensó el arco, apuntó y cuando el ciervo asomó la cabeza soltó la cuerda. La flecha voló dirección al cuerpo de la presa, ya era tarde cuando intentó echar a correr; se clavó entre las costillas y la paletilla y el ciervo cayó inerte en el acto.
Despues de aquello el silencio volvió a invadir el bosque y el joven señor se dispuso a llevar su presa al castillo.
Cuando llegó dejó el venado a cargo del carnicero para que lo prepara para la cena, despues de dejarlo se fue directo a sus aposentos para dejar las ropas de caza y vestirse de manera más adecuada para un señor. El joven de quince años se vistió con ropas de cuero duro y cota de malla,  llevaba una capa con los colores de su casa, el azul y el verde, y de la cintura colgaba una espada larga forjada con acero élfico y empuñadura de oro; la espada llevaba en su familia desde la caída del antiguo reino Ismalfarí, hacía quinientos años, y desde entonces todos los señores que la blandieron en batalla obtuvieron la victoria. Así pues, con Garra prendida del cinto se dirigió al trono del salón principal para atender las peticiones y problemas de su pueblo.
En el salón estaba su consejero, un hombre bien entrado en años vestido con un hábito de lana oscura, quien lo esperaba acompañado de dos caballeros con la armadura de la casa real y el emblema del grifo. Aquello lo preocupó pero intentaba disimularlo bajo un semblante frío, impenetrable; aligeró el paso y se colocó delante de ellos.
- Bienvenidos, ¿a qué se debe vuestra visita?-preguntó Erland.
- Hemos venido a avisarle mi señor, de que las huestes de los Señores de la Montaña se acercan a sus tierras. Deberían armarse.- dijo el caballero de la derecha. Un hombre joven sin mucha experiencia en batalllas ni en guerras.
El joven se quedó pensativo un momento.
- ¿A cuánta distancia se encuentran esas huestes?- preguntó a la vez que tocaba el pomo de Garra. Erland intentaba disimular sus preocupaciones, pero no conseguía disimularlas todas.
- Se encuentran a unas veinte leguas, mi señor.- dijo el caballero- Lo más sensato sería preparar las defensas del castillo.
- Soy consciente de lo que hay que hacer, les agradezco sinceramente la información. Si queréis quedaros unos días hay dos habitaciones libres y para comer tendremos venado.

El joven estaba preocupado por la cercanía del ejército enemigo, que según le dijeron los caballeros, contaba con algo más de cinco mil hombres, cincuenta veces más que sus soldados. Una vez se marcharon los caballeros comenzaron a reforzar las puertas con vigas, a forjar puntas de flechas y espadas, a preparar los puestos de arqueros y entrenar a los escuderos.
Confiaba que los soldados de los Señores de la Montaña no atacaran la fortaleza, pero si lo hacían más valía estar preparado.
Pasaron los días, y el temor por un posible ataque se iba desvaneciendo; pero en el interior de Erland había algo que le decía que no podían relajarse. 

- ¡Erland!- gritó Ser Ommen. Un viejo caballero que dejó su padre para que ayudara a su hijo con las labores de señor.- Deberíamos enviar exploradores para saber la posición del batallón, y enviar emisarios para que avisen al pueblo de que los Señores están tan cerca.
El joven se quedo pensativo unos instantes. 
- Avisad a Joran y a Callahan y que uno avise al pueblo y el otro elija cinco hombres y reconozcan los páramos hasta el Bosque Sombrío.
Agradecía la ayuda en la toma de decisiones, había organizado tantas cosas en la última semana y participado en los arreglos del muro que se encontraba agotado física y psíquicamente.
- Erland, tengo noticias de tu padre.- el rostro del caballero se ensombreció inquietando a Erland. 
- Sí... - dijo temiendo la respuesta.
- Los ejércitos de los Señores, vencieron en la batalla del Valle y saquearon las ciudades de los Tanen masacrándolas. Los Tanen no han sobrevivido- las palabras le pesaban en los labios-. No han dejado prisioneros y tu padre fue herido en el combate. No saben si se repondrá de la herida.
 Aquellas palabras le sentaron como un jarro de agua fría y la conmoción dio paso a la ira. Se lo haría pagar a los Señores de la Montaña. 
- Avisa a Joran y a Callahan- farfulló apretando los dientes.
El veterano caballero noto la furia en la voz de su señor y lo compadeció. Sabía lo que era perder a un ser querido, el mismo perdió a su familia en un incendio cuando era niño y el abuelo de Erland lo acogió en su castillo y le enseñó a combatir.
Estaba ya comenzando el ocaso cuando una voz desesperada se escuchó en todos los rincones del castillo:
- ¡Mi señor! ¡Mi señor!- el hombre que gritaba era uno de los exploradores comandados por Joran y venía corriendo ensangrentado-. ¡Mi señor nos at...
Una flecha se hundió en la espalda del hombre saliendo por la cota de malla y derribandolo.
 En el comienzo del prado que separaba el castillo del bosque comenzaron aparecer como de la nada centenares de rostros pintados de rojo. Vestían ropas de piel y cuero, algunos cota de malla e iban armados con hachas, espadas, lanzas y grandes escudos circulares; en sus miradas se percibía la sed de sangre y el ansia de acabar con las vidas de cualquiera que se les pusiera en su camino. La horda se quedo quieta un momento, cabalgando sobre un semental negro armado con coraza apareció el hombre más gigantesco que jamás habían visto los caballeros del reino. En todo Aränwil no había hombre más grande y brutal como Oromar, Señor entre los Señores de la Montaña, quien en un idioma hosco y rudo clamó: "¡ATACAD!".
Del bosque fueron saliendo por miles guerreros de la montaña y el bramido ensordecedor de aquel ejército congeló a los arqueros de la muralla quienes cuando reaccionaron casi tenían a los bárbaros encima.
- ¡Traedme mi armadura y mi espada!- gritó Erland a su mayordomo, un hombre de unos cuarenta años tan asustado que del temblor de las manos casi se le cae la espada.- ¡Corred!
- Sí, sí, ya voy- decía con un hilo de voz.
Mientras su mayordomo le vestía a toda prisa veía con un nudo en el estómago como sus enemigos iban poco a poco superando a sus hombres apostados en la muralla norte. Miró su espada deseando que las historias que contaban sobre ella fueran ciertas y le dieran la victoria en esta batalla.
- Ya mi señor- dijo el mayordomo. 
Erland salió corriendo y encontró a Ser Ommen esperándole ya listo para el combate.
- Quedaos aquí, y manteneos a cubierto- le entregó un escudo con el emblema de su casa, un oso, y salió al patio.- ¡No salgáis del castillo!
Afuera los invasores subían por escalas hacia las murallas, los soldados que quedaban en pie después de la primera ráfaga de flechas fueron abatidos fácilmente a golpe de hacha. En la puerta principal se apostaron un grupo de lanceros esperando la inminente entrada de los bárbaros y todos los demás escuderos, caballeros y algún que otro sirviente enloquecido subía a defender como podían la muralla. 
La puerta empezó a tambalearse por la fuerza de los golpes del ariete que trajeron los Señores forjado con hierro de la montaña, el más duro de Aränwil, y cuando se quebraron las grandes tablas de roble reforzadas con acero una ingente cantidad de hombres deseosos de matar entraron en masa hacía los lanceros; estos aguantaron como pudieron la embestida pero el esfuerzo era más que inútil, eran superados en todos los flancos. 
- ¡A la fortaleza! ¡Corred! ¡Todos a la fortaleza!- bramaba Ommen, mientras acababa con el enemigo más cercano y comenzaba con el siguiente.
Para Erland aquello sucedía a cámara lenta e inconscientemente se dirigía al campo de batalla.
- ¡Ommen!, ¿dónde estás?- entre el amasijo de espadas, sangre y hombres luchando vio al caballero pero antes de poder acercarse a él, algo le golpeó la cabeza. Calló inconsciente con los agónicos gritos de los soldados clavados en la mente y la imagen de Ser Ommen siendo atravesado por una lanza.

Espero que os guste, la semana que viene más.
Cualquier observación y critica constructiva dejármela en los comentarios.
Un saludo.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Presentación:

Para comenzar me gustaría explicar la temática de este blog. Se trata de la historia de Aränwil, una tierra donde los héroes, las leyendas y la magia siguen vivos, y donde Erland y los demás personajes que irán apareciendo tendrán que sortear obstáculos y se veran envueltos en una trama de la que no se imaginan a donde les llevará...

Publicaré entradas cada semana (o lo intentaré).

Un saludo.